viernes, mayo 29, 2009

:: El sonido de la lluvia ::



Desde los tiempos en que la historia no existía (es decir desde aquellas épocas en que aún no se aplicaba o pensaba en la escritura) el hombre ha conocido a los fenómenos naturales y ha tenido que observarlos, resguardarse y hasta sucumbir ante ellos.

Hace años (pero mucho años) Tapachula era sinónimo de lluvias exageradas, con horarios exactos de caídas, temporadas enteras sin perdonar siquiera un solo día y con un registro mínimo de por lo menos 20 centímetros de agua en las calles de la ciudad.

En lo que va del año no se han registrado muchas lluvias, y de las que hay conocimiento, la minoría supone ser de “aquellas como antes”; es decir, de esas lluvias en las que se podía ver cómo la cortina nubosa de agua se extendía y caminaba lentamente desde la zona norte de la ciudad hasta la casa en que he vivido toda mi vida, cuadra por cuadra, metro por metro. El escuchar las láminas apedreadas por las gotas gordas era sin duda el toque característico de las vacaciones en que solía bañarme bajo la lluvia, las ramas de los árboles que danzaban de un lado a otro ayudaban a nuestra imaginación a pensar que estábamos en el interior de una gran selva. Entrando la noche, pero aún en la tarde, el olor a tierra mojada, el sabor de la corteza de los árboles y el sonar de las ranas y grillos ambientalizaban nuestra niñez (de los niños de la cuadra, la pandilla) y la colocaban como la etapa perfecta de nuestras vidas.

Ahora ya no se observan muchas lluvias como aquellas de hace quince años, de vez en cuando (como anoche) tenemos la oportunidad de recordar aquellos tiempos en que la lluvia y los truenos nos inspiraba miedo en las noches sin energía eléctrica, pero nos proporcionaba cobijo junto con los brazos de nuestros padres, que cuidaban de nuestro sueño, iluminados por las velas...

Anoche grabé dos minutos de la lluvia, no había iluminación y el enfoque es muy malo, pero lo interesante es el sonido de los recuerdos. Hace quince años, una lluvia de nivel “normal/calmada” era como esta (la de anoche):



¿Qué cosas, no?

3 comentarios :

Ernesto Moré dijo...

Hola!! y dices que en tapachula no llueve?? si han tenido dos inundaciones de las peores de todo el estado U_U

La lluvia a mi no me gusta pero si el ambiente que se crea después de esta que es muy fresco y agradable

Eso de los grillos y los sapos que padre ha de haber sido escucharlos aunque ahora creo que es imposible en mi ciudad ^^

Ernesto Moré dijo...

Se me olvido preguntarte algo, como le haces para que aparezca en tu blog tus entradas pasadas con fotos, ahi hasta abajo donde dice, "quizas también a usted le interese"

Se es muy dificil y se usa HTLM o algo así mejor ni me expliques pork no entiendo nada de eso jejeje xD

Eduardo Robles Pacheco dijo...

Ernesto Moré:

¿Jajajaja en serio? Pues la verdad no sabía, pero aún con eso, no creas, no ha llovido como antes. El ambiente que deja la lluvia al terminar es una de las cosas con las que más identifico a mi ciudad, es un collage de sensaciones y emociones; todos los elementos se complementan de manera extraordinaria, hasta el sonido de los animalitos del monte, que es como el sonido de fondo ideal para descansar…

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