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viernes, octubre 23, 2009

:: Por qué ser discreto y pacifista ::



Fuimos a un bar de esos en donde acostumbran ir los hijitos de papi que se peinan con pelos parados, usan lentes de marco grueso, camisa manga larga (con las mangas subidas, claro) y el cuello más abierto de lo normal; algo así como si fueran estrellas de algún mediocre grupito pop actual, ya saben cómo…


Fuimos porque sabíamos que ahí iban las chavas más guapas de la ciudad, y, aunque la mayoría estaba hueca de la cabeza, de lo demás estaban muy rellenas; eso era suficiente para nosotros porque andabamos de solteros con nuestros látigos fuera de la ciudad. Sólo queríamos estar actualizados sobre las niñas que ya pueden visitar este tipo de lugares…


Los dos siempre somos pacifistas, nos gusta tener códigos de honor y respeto hacia los demás y tratamos de no incomodar a nadie con nuestro comportamiento, es la clave para que seamos muy tranquilos y tratemos de salir siempre en paz.


La música en vivo era buena, la vista era excelente y cada quien estaba en su rollo, como suelen decir por acá. Nosotros, en cambio, estábamos probando una cerveza espumosa de barril muy rica y fumando a conciencia; y claro, sonriendo cuando coincidíamos en ver alguna niña de atractivo notable. Todo iba bien, hasta que entró un joven como de nuestra edad acompañado de su novia y tres amigos que iban tras la pareja buscando dónde sentarse…


Se sentaron en una mesa cerca de nosotros y yo le indiqué con la mirada a mi amigo que la chava era un forro de vieja; era casi perfecta en su totalidad, a excepción del tumor que tenía sentado a su lado que se encargaba de silbar a los meseros, hablarles en tono alto e ignorarlos mientras chateaba en su Blackberry (para colmo era Curve, yo prefiero el Storm); no teníamos por qué entrometernos, sólo íbamos para ver pieles sin ánimo de ligar ni nada (El estilo de ligue de estos lugares da flojera, en serio).


Mejor nos dedicamos a verla. Ella se daba cuenta y nos evitaba con la mirada. Nunca le sonreimos ni nada, para no vernos con intenciones extras. Sólo la queríamos ver, era un deleite a los ojos, claro que sí. Pero, en uno de esos cruces de miradas (quién sabe cómo la ví que quedó ida) él se dio cuenta y con todo ese crédulo poder auto asignado él se puso de pie y se acercó a nosotros, diciéndonos, sin saludar y un poco pasado de copas:


—¿Qué ves?
—A Ella (Le dije sin siquiera verlo y sin despegar mi vista del rostro preocupado y avergonzado de ella).
—Es mi nov…
—No me interesa.
—Pero la estás vie…
—No me interesa.
—¿Tienes algún problema o qué?
—Lo siento, no me interesa discutir contigo.


Llamó al dueño del bar y en voz alta, como queriendo ser escuchado por todos, dijo acerca de la falta de respeto hacia él y su acompañante. El dueño nos pidió por favor que nos disculpáramos a lo que le dije que lo sentía mucho, pero no podía hacerlo. No le quedó más remedio que pedirnos que nos retiráramos; y entonces tuvimos que pagar la cuenta y caminar hacia la puerta en medio de miradas y un último insulto por parte de este joven. Al salir fuimos al estacionamiento, abordamos la camioneta tranquilamente y arrancamos…


Colocamos la camioneta en frente del bar y salimos a fumar para esperarlo. Así es, esto no se iba a quedar de ninguna forma así. Según nuestras costumbres, lo menos que podíamos hacer era quemarle su auto y violar a su novia…


Esperamos mucho, pero no teníamos prisa; hasta que salió con su grupo de amigos y su novia. Apenas cerró la puerta del bar nos vió y como que quiso entrar, pero un saludo respetuoso de nosotros hacia él le hizo caminar precavido y rápidamente hacia su auto. Lo abordaron y salieron algo rápido, como si tuvieran miedo o algo así… Nos reímos los dos y nos dijimos con las miradas: “A toda madre… esto va a estar chingón…”


Los seguimos y en el primer semáforo en rojo nos pusimos al lado de ellos, abrí la puerta y de inmediato lo tenía enfrente de mí, me acerqué al costado izquierdo del auto y con una llave de portón rallé su auto, me volví a subir y así en rojo nos arrancamos y nos estacionamos una cuadra después.


Emputado (obvio, era un mustang) llegó, se estacionó, y él y sus amigos se bajaron para reclamarnos, y nosotros estábamos fuera de la camioneta, apoyados en la misma puerta y a punto de fumar. Empezó a gritarnos y sus amigos a rodearnos, sacó su celular y al escuchar la vocecita de “Diga un comando” pronunció la palabra “policía” y se colocó el celular esperando que le contestaran… Nosotros permanecimos ahí quietos, viendo sin interrupción a la hermosura de mujer que estaba sentada en el asiento del copiloto y que no perdía detalle de lo que pasaba afuera. Termina de hablar el chavo, mete su celular a su bolsa y al querer pronunciar una mentada de madre rápidamente saco el arma y se la pongo exactamente frente a sus ojos. La chica grita y los amigos se quedan inmóviles, esperando a ver qué sucede, pero no pueden hacer nada porque mi compañero tiene un arma en cada mano... Pasa un auto y se detiene en la escena, se asoma un tipo y pregunta “¿Necesitan ayuda?” Los amigos quieren hablar pero él les interrumpe y les dice: “Pendejos, se lo digo aquí a mi compa… Jajajajaja sale compa, te dejo, quiébrate a este pendejo…”


Insistió en darme dinero, pero jamás dije algo, no era necesario, sólo la veía a ella mientras le apuntaba a él. “Llévatela si quieres, en serio no hay pedo” -me decía-. Nunca dije nada, aunque ganas no me faltaron de gritarle unas cuantas cosas por haber dicho eso.


—A ver, dame por favor tu credencial de elector y ustedes también -les dije-.
—Ahí están.
—Ok, veamos… Hum… Ustedes se pueden ir, ya tenemos su nombres y direcciones, será fácil localizar a su gente si van de chismosos, en serio les sugiero que no lo hagan, no ganarán nada; es mejor perderlo a él que a tu hermanita Aurora… ¿Verdad Paco? Sí, sé quién eres “man”


Se fueron ellos a pie, lógicamente y, mientras mi compañero tomaba mi lugar me dirigí a la novia de este coyón…


—Señorita, buenas noches…
—Buenas… -me lo dijo muy temblorosa y llorando-.
—Como podrás ver, es una situación tensa ¿Podrías subirte por favor a la camioneta con nosotros?
—¿Para qué?
—Deseo mostrarte algo…
—¿Qué es?
—Si te lo digo, sería la última cosa que escucharías en tu vida… ¿Te lo digo?
—No, está bien…vamos.


Bajó y se subió a la camioneta mientras el tipo asustado y temblando de impotencia (creo que hasta se le bajó la borrachera) veía cómo acompañaba a su noviecita muy sujeta de la cintura con el arma y con la otra le tomaba la mano. Excepto por él, todo era bello en esa imagen, el arma no era cualquier cosa, costaba casi lo del mustang rallado…


—Síguenos o te hacemos responsable de lo que le pase -le dijo mi compañero al putito ese-.


Nos siguió en su auto, y los tres íbamos en la camioneta rumbo a las afueras de la ciudad. Dentro de la camioneta le explicamos a la chica:


— Tranquila, nada va a pasarte, no tenemos interés en ti. Conocemos a tu padre y es ley el señor, el problema es con el wey ese, bien lo sabes. Nunca hemos buscado pleito ni nada parecido, pero tampoco vamos a permitir que venga un pinche chamaquito y nos quiera hacer quedar como pendejos; aún así, estamos en contra de la violencia, no vale la pena, ya la hemos usado mucho antes, ya no tiene chiste; por eso mejor nos la llevamos tranquila…


Al llegar a las afueras de la ciudad, ya en carretera, nos bajamos y nos encontramos los cuatro ahí, en medio de la oscuridad y las luces de los vehículos.


—Quítate la ropa y dame la llave del auto -le dije en tono serio y cabrón-.


Empezó a llorar y a hacer voz de niñito a punto de ser golpeado por el cinturón, y se arrodilló para implorarme perdón y ofrecerme lo que yo quisiera, incluyéndola a ella. Sí, ella lo escuchó también…


Como sea, quedó desnudo en la carretera, las llaves las tiramos en medio de unos matorrales y la ropa se tiró muchos kilómetros después del lugar cuando regresábamos. Nosotros dos nos reíamos mientras ella miraba el velocímetro fijamente, pensando talvez en el ofrecimiento tan estúpido del tipo, que no supo tener el valor ni la sensatez en la situación.


—¿Gusta que la llevemos a su casa u a otra parte?
—Me quedaré con mi tía por favor, yo les digo por dónde…
—Claro.


Al llegar, se bajó y nos dijo:


—¿Ya me puedo ir?
—Ya, señorita, ya puede…
—No sé qué decir, digo, lo que pasó desde el inicio…
—Tranquila, no fue culpa de usted; tal vez mía, pero en definitiva suya no fue…
—Hasta luego… Gra... Gracias…
—Cuídese, adiós.


Salimos de ahí y a las dos cuadras nos empezamos a reír por todo lo que había pasado, hasta que mi compañero me dijo entre risa y risa:


—Qué chula está esa morra.
—Sí, lo está.
—¿Te la hubieras tirado?
—No…
—Ah! Pero si la tenías ahí nomás, era cosa de que quisieras, ya estaba todo…
—Nel “man”, así no se dan las cosas…
—¿Tons cómo? Así ya se jodió la cosa…
—Pues sí, pero fue culpa de ese pendejo…Todo habría sido diferente si él no hubiera llegado, chance y hubiera por lo menos platicado con ella…
—Sí, qué cagado desmadre…
—Pues sí, ya ni modo…
—¿Sí te caló la morra verdad? Jamás tomas a alguien de la cintura así…
—Jajajajaa pos sí… Lástima que no tengo un mustang nuevo Jajajajajaja!!
—¿Sí pendejo?… Agradece que no tengas un pitito de gato jajajajajajaja!!
—Jajajajajaja sí a huevo…

3 comentarios:

SrItA. mUeGaNiTa!! dijo...

=S... Realidad o ficcion?

Alma Rosa dijo...

:S pa su mecha :S lo único que diré por hoy es... amor y paz hermano

Eduardo Robles Pacheco dijo...

SrItA. mUeGaNiTa!!:
Ficción jeje... Ya te había comentado de los post etiquetados como "Histori(et)as" recuerdas? Además, si desde el inicio pusiera que es puro cuento... Pus no tendría mucho chiste que digamos jejejeje...


Alma Rosa dijo...
Jajajajajajaja Amor y ¡Paz! Hermana, que la Paz esté conm... Digo, cont... Digo, con todos :D!



Gracias por sus comentarios XD!

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