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jueves, mayo 20, 2010

:: La casa que no era ::



3:43 de la mañana….

Despierto, agitado, la respiración entre cortada, el brazo derecho aún con rastros del calambre que tuve al despertar, algo de arritmia cardiaca y un poco de miedo; en serio, no es agradable, pero ha sido tan impactante que hasta me despertó e hizo venir al ordenador a menos de dos metros de mi cama…

El calor ha hecho que duerma últimamente con las ventanas y puerta abiertas; mala cosa, algo sucede siempre cuando duermo de esta manera, algo sucede que hace que no sueñe bien, que siempre tenga un motivo para, como ahora, despertarme a esta hora con un intento ahogado desesperado de querer hacer que amanezca o por lo menos, que yo pueda conciliar el sueño nuevamente…

“…Venía por carretera como a las 2:00 de la tarde desde Huixtla a Tapachula (dato curioso, luego verán por qué), grabando un video en el que explicaba las zonas montañosas de ese lugar, ese tramo entre Tehuacán y mi pueblo (¿Lo ven?). Recuerdo que a medio camino me detuve porque vi un par de caballos echados a orilla de carretera, sobre pasto verde mojado y bajo la sombra de un cerezo en flor, era un verde intenso abajo y un rosado arriba, y en medio los dos caballos: Uno café y otro gris. La escena se veía bella, como de película, como de ensueño.

Puse las intermitentes y me detuve al lado de ellos para tomarles fotografías pero ahí me di cuenta que la cámara no funcionaba; por más que quería encuadrar la escena en el visor el disparador no ejercía presión, estaba trabado. Aparté la cámara y alcancé a ver las cabezas de los caballos: eran un par de personas pintadas en la cara y llevaban ambas capuchas y cabello muy largo; daban la impresión de ser brujos o hechiceros, qué se yo.

Arranqué nuevamente y seguí por carretera; bajé el cristal de la puerta del auto y lancé la cámara hacia fuera del auto porque vi que me había equivocado de cámara: Había tomado una cámara ya viejita en lugar de la mía; y no soporté tal error. Llegué al pueblo y mientras entraba me topé con mi tía quien me dijo que un muchachito había entrado a la casa y se había robado mi cámara y que probablemente a esas alturas ya estaba cerca de la plaza del pueblo intentando venderla… Era de madrugada.

Llegué a la casa de Chazumba; la casa se veía oscura, sin luces ni vida por dentro; así que la vi desde algo lejos y me anticipé a pasar delante de ella corriendo hacia la casa de mi abuela (no sé en qué punto ya no aparecía con el auto); así que corrí lo más que pude y justo al pasar en frente sentí cómo una fuerza extraña desde la casa me jalaba hacia ella; volteé rápidamente y empecé a gritar groserías y a decir en voz alta cantidad de blasfemia y media con tal de mostrar algo de coraje y valentía; por fin me soltó y pude llegar a pocos metros de la entrada de la casa de mi abuela. Pero me dijeron que la familia ya estaba en la casa esperándome, así que tuve que regresarme.

Entré con pánico, la casa tenía pocas luces, todas ellas de velas; y al cruzar apenas la puerta escuché cómo de entre las paredes se escapaban risas tan horribles como escandalosas; y sentí un pequeño estremecimiento en el cuerpo. Opté por seguir las misma técnica de hace ratos y empecé a gritar que ya había llegado a mi mamá y hermana; sólo ellas dos estaban en la cama de la habitación que siempre he conocido como la biblioteca.

Entré y empecé a platicarles mi experiencia con la cámara “vieja”, fue entonces que mi hermana me dijo que la equivocación había sido de nuestro primo porque él había metido la cámara vieja en la funda que me llevé, pero que la cámara nueva estaba en una funda de ella justo encima del ropero pegado a la pared; así que me levanté y al querer sacar la cámara nuevamente escuché ruidos espantosos en la casa; así que empecé a gritar una conversación con mi madre con tal de no sentirnos tan intimidados; incluso grité a mi tío, abuela, tía y primas, que estaban ya en la cocina de la casa (no sé en qué momento llegaron) que por favor me disculparan pero que si gritaba era para escuchar solamente los sonidos que salían de mi boca.

Tomé la cámara y la probé, efectivamente era la mía, y funcionaba perfectamente. Y me dispuse a tomar fotos de la casa. Cuando quise salir y me puse exactamente en el arco de la puerta sentí un gran temblor y miedo en todo el cuerpo que me hizo regresarme nuevamente; pero lo intenté otra vez, y poco a poco me fui acercando a la puerta y poco a poco el temblor y el miedo se intensificaba a medida que intentaba salir de la habitación. Lo más que logré fue estar dos pasos fuera porque no me podía mover, pero era suficiente para empezar a tomar fotografías de los espacios oscuros de la casa; y una vez que tomé todas las necesarias desde ahí, me regresé hacia adentro y empecé a fotografiar el interior la habitación.

En la pantalla de la cámara veía claramente cómo aparecían ahí cuadros pintados de personas que jamás conocí, candelabros de 5 velas y gárgolas como de piedra; lo curioso es que en el interior de la habitación no había tales cosas, sin embargo la cámara seguía mostrando eso una y otra vez; como sea, mantuve el disparador presionado siempre y tomé una serie de múltiples fotografías de todo mi alrededor; y una vez que iba a guardar la cámara eché antes una mirada a la pantalla (de nuevo), pero vi que nada de lo que aparecía en la cámara estaba realmente en el cuarto. Era como haber fotografiado otra dimensión de ese lugar.

Me acerqué a mi madre y hermana y les enseñé algunas fotografías que correspondían a mi cuñada con mi sobrino; pero no les mostré las que recientemente había tomado. Luego, al terminar de ver las fotos, me senté en la cama, a la altura de la cabecera, para estar al lado de mi madre; de repente, desde el otro lado de la pared a nuestras espaldas, se empezaron a escuchar lamentos de una mujer, y poco a poco disminuyó la intensidad; pero emergió del silencio poco a poco una música de piano de tintes fúnebres. No era un piano común, pues éste emitía junto con su sonido, al mismo tiempo y tono, coros de mujeres pero en un tono bastante tétrico; y la intensidad de la música cada vez daba más miedo; hasta que mi madre golpeó la pared con sus puños y yo empecé a gritar de mala fe que se callara al piano; y poco a poco el sonido fue disminuyendo…

Me recosté en la cama de mi madre y cerré los ojos un momento, al poco rato los empecé a abrir lentamente; el ambiente era distinto pero yo seguía con ese sentimiento de claustrofobia; ya estaba despertando…”

3 comentarios:

ѕocιaѕ dijo...

en serio soñaste eso?, si a mi me dio miedillo leerla, no imagino despertar con esa sensación, lo bueno que lo lei ahora y no de noche porque no creo haberlo terminado de leer.
cierra las ventanas mejor!

SrItA. mUeGaNiTa =D dijo...

Ay Chicueloooo!!!... como siempre esas rarezas asustan... se porque te lo digo =/

Luego platicamos por el msn. va?

APAPACHOS!!

PD. Afortunadamente, solo fue un MAL sueño

Eduardo Robles Pacheco dijo...

socιaѕ:
Síp, en serio :S… Despertar con esa sensación es… Es como… haber presenciado algún accidente automovilístico o ver en peligro a un ser querido; es una desesperación brutal de la que debes guardar control y calma, antes que te gane la imprudencia; poco a poco va disminuyendo, pero al inicio el corazón está a todo lo que da…
Sí, creo que las cerraré jejeje =D!
Saludos!

SrItA. mUeGaNiTa =D:
Sí pues, digamos que no es realmente muy muy agradable jejeje pero bueno, son cosas que suceden :S!
Apapachos!


Gracias por sus comentarios XD!

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