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jueves, abril 14, 2011

:: En el ejido Cuauhtémoc, Jiquipilas ::

En el ejido Cuauhtémoc (27)

Me tomó por sorpresa el temblor en Tuxtla el jueves en pleno hotel a las 08:00 a.m. Fue algo agitado tomando en cuenta que me despertó y activó mi instinto de supervivencia en décimas segundos; pero al final ambos nos calmamos, tanto el movimiento como mi alerta. Por fin, el compromiso laboral al final del día resultó bastante bien y a partir de las 13:00 horas disponía de buen tiempo para pasarla con mis hermanos.

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Me mantuve absorto en la profundidad de la lectura y la tranquilidad del hogar. Ese mismo día acompañé a mi hermano a visitar a un amigo (Carlos Román) y tuve la oportunidad de conocer a la esposa de éste último, y después de una pequeña ayuda con su equipo de cómputo resultamos en una conversación amena cuyo meollo nació del aprecio hacia el arte y las publicaciones de nuestros intereses; es una gran artista, hija de periodistas y estudiante de teatro, entre algunas cosas más; si la curiosidad les cobija les invito a visitar el Blog de Tania Peña.

En el ejido Cuauhtémoc (03)

Nos despedimos con grato ademán, y llegamos a casa a descansar. Al otro día, viernes, me sumergí en otro tipo de arte, uno del cual aún no tengo tanta pasión ni talento: El arte de la madera. Ayudé a mi hermano la mañana y parte del medio día, y logramos después de algunos cálculos y procesos aún desconocidos para mí en ese momento, construir un mueble. Nos quedó “chulo” (bonito). Es impresionante lo que piezas simples de madera pueden llegar a convertirse a través de la mano transformadora.

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Para la noche, ya habíamos alistado maletas y ropa para dormitar. Nos habían invitado a una fiesta de cumpleaños de otro amigo (Julio Camacho) de mi hermano; Se llevaría a cabo algo lejos de Tuxtla, en el municipio de Jiquipilas, en el ejido llamado Cuauhtémoc. Eran cerca de las 21:00 horas cuando salíamos de Tuxtla. Casi a la media noche llegamos por fin, después de algunas vueltas, a la casa de Julio. Después de tomar un cafecito y platicar, nos dirigimos a donde al día siguiente sería la fiesta: En la cabaña.

En el ejido Cuauhtémoc (08)

Ya la habíamos visto apenas entramos al ejido, pero no fue sino hasta que fuimos con Julio que pudimos entrar. Nos quedaríamos a pasar la noche ahí. Apenas llegando, nos mostró la belleza que ha estado construyendo desde hace algún tiempo…

En el ejido Cuauhtémoc (09)

Rincón a rincón, la recorrimos con la vista. Apenas, según él, está la estructura alzada y le faltan acabados, pero para nosotros realmente era algo concluido que no pedía más de sí. Luego de platicar a la luz de las lámparas y a la cobija de las corrientes de viento frescas, nos acostamos a descansar. Debo ser sincero, y decir que fue poco lo que dormimos; los zancudos se daban un festín y eran tantos que nos golpeábamos la cara y brazos al intentar ahuyentarlos. No obstante, dormimos lo suficiente, ya que cuando el día iniciaba sin siquiera el saludo de los brillos del sol, estábamos dos ya incorporados mientras que otros dos habían ido a Cintalapa a hacer unos mandados.

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Gozar del amanecer fue revelador: Sabía la apariencia nocturna del lugar ya; pero la oscuridad no me había permitido observar lo que alrededor existe. Era una parte plana del camino donde la cabaña había sido construida, lugar estratégico para el buen viaje del viento y la excelente acústica de los sonidos de las chicharras. Caminos alrededor, conduciendo a otros ejidos o el interior del mismo, transitados comúnmente por transportes colectivos, jinetes a caballo, carretas jaladas por bueyes o incluso por tractores que han venido convirtiendo el aspecto rudimentario del campo con su toque de modernidad. A lo lejos, abrazando la planicie, cerros y montañas con zonas verdes llenas de árboles, donde pasta el ganado. Cerca, ya sea mucho o poco, árboles de Guanacastle extendiendo sus brazos al sol. Hacia abajo, después de un desnivel en el terreno, el hilo cristalino de un arroyo que marca el límite de la hectárea que resguarda a la cabaña. Todo esto, acompañado del toque ejidal, personas yendo y viniendo, humo saliente de chozas y viviendas cercanas, y el aire limpio aún existente por estos rumbos.

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No perdí oportunidad de aprovechar la hora y me dispuse a esperar el nacimiento del Sol, algo tiene el amanecer y el ocaso que nos privan de nosotros mismos. Poco a poco, la luz se fue revelando, y con ello el tiempo avanzaba, y así mismo el trayecto del Sol que cada vez buscaba lentamente postrarse hacia el centro del azul y claro cielo.

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El día avanzó, y con ello los preparativos para la fiesta; cerca del medio día salimos a visitar una finca abandonada en las afueras del ejido (Ya os contaré en el post siguiente) y al regresar gente iba llegando, todos parientes de Julio.

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Para las 16:00 horas, la fiesta se llevaba a cabo, conocimos a una gran serie de personajes, entre ellos a Don Adán, tío del festejado, hombre sabio conocedor de las plantas y sus propiedades curativas para decenas de males que podemos llegar a sufrir, aconsejado por algunos acerca de escribir un libro con todo el conocimiento que ha acumulado a lo largo de su vida.

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Ahí estuvimos, entre las pláticas y las remembranzas de anécdotas contadas; y permanecimos hasta casi entrar la noche, cuando nos incorporamos para regresar a Tuxtla, con un grato sabor de boca agradable y una calma que sólo el campo puede proporcionar…

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Con gusto, les comparto la galería:




Sr. Julio Camacho y Fam.
Para Julio y su familia, por habernos atendido con un esmero extraordinario.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta mucho como te refieres a mi pueblo es hermoso en toda la extensión de la palabra, tiene sus tristezas, sus dolores, pero tambien tienes sus alegrias y sonrrisas... muy buenas fotos.

Eduardo Robles Pacheco dijo...

¡Gracias! Espero pronto volver por allá, que se me han quedado muchos detalles por conocer :)

RANULFO dijo...

al igual que tu comparto la amistad con don l amigo julio y puedo decri que es una xceleent persona siempre dispusto a apoyar a nuestra gente, te comento que soy de Tapachula, Chiapas, que por motivos de trabajo vine a radicar a este bello ejido y desde que estamos aca hemos sentido el calor y apoyo de su gent, que bueno qu tengas tan bonita impresión de CUAUHTEMOC. RANULFO CRUZ DELEON.

Eduardo Robles Pacheco dijo...

Ranulfo: Ha sido un privilegio total conocer a Julio y al ejido, espero con ansias pronto volver :)

Anónimo dijo...

oye muchas gracias por el reportaje
y por tus excelentes tomas yo tambien soy de esta hermosa colonia y primo de julio un abrazote
de parte de manuel mancilla

Eduardo Robles Pacheco dijo...

Manuel Mancilla:
Ha sido todo un privilegio, fue una experiencia increíble. Muchas gracias, igualmente saludos y deseos de bienestar :D

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