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martes, agosto 09, 2011

:: En el museo del Palacio ::

Museo del Palacio (43)

El toque arquitectónico eclesiástico había alimentado ya mi vista con los dos templos visitados apenas hace menos de una hora. Como dije antes, apenas salí del Templo de la Inmaculada me topé con algo que anteriormente no había dado cuenta de ver: ni más ni menos que el Museo del Palacio. Un par de niños de cartón, apoyados uno a otro, se situaban afuera de la entrada. Si no fuera por ellos y por un cartel a la puerta del edificio podría ser algo complicado darse cuenta que ahí está, incluso puede que las veces anteriores yo haya pasado tan rápido o tan distraído como para notar ambas señales.

Museo del Palacio (42)

Ahora, sin embargo, el hecho de ver algunas personas deteniendo poco a poco su paso al andar frente al edificio pudo llamar mi curiosidad, lo que me bastó solamente para cruzar la calle y entrar al museo por la módica cantidad de $25.00, a menos, claro, que sea un domingo gratis o tengas libre acceso con tu credencial de estudiante o profesor escolar (y no era domingo, aún no me entregan mi credencial de estudiante y mi credencial de profesor ya caducó… ¡Albricias pues!).

Museo del Palacio (23)

Entré, y al centro de la edificación, en donde se encuentra el punto de reunión principal del palacio, el piso pulido (parecía de mármol, si no es que lo era) y las dos plantas con sus arcos de tonos verdes grisáceos de cantera que hacía recordar por un momento la fachada del atrio de la Catedral de Santo Domingo, reciben de manera sublime. La luz entraba por arriba, desde los lados, se reflejaba en el tan asimétrico mosaico fingido a un ajedrez de un raro diseño óptico. Y nadie alrededor para guiarme y decirme si me había de dirigir hacia el frente, o retroceder en lugar de ir a la izquierda, derecha, o correr al centro y con las manos en alto implorar por socorro. Pero, el dramatismo terminó cuando vi a alguien más que se guiaba por indicadores en el suelo a la puerta de cada saleta; supe entonces cuál era la secuencia que, personalmente me gustaría seguir a través de las habitaciones en cuyo interior se encontraban exposiciones que, siendo sinceros, no imaginé encontrar…

Museo del Palacio (10)

Museo del Palacio (01)

La primer sala, también denominada “Temporal 1”, debo admitirlo, no se me hacía tan interesante cuando la divisé desde sus afueras; claramente se veía que era una exposición de cuadros de algún autor con cierto estilo en especial, a juzgar por los patrones de colores y formas impregnadas en su obra. Eran tonos fuertes, atrevidos, amorfos pero finos, como una mezcla entre una pesadilla, aquella donde no puedes ni gritar; y un sueño, ese en donde controlas a tu voluntad los acontecimientos mientras (¿Por qué no?) tiendes a volar sobre los bosques de altos y verdes árboles.

Museo del Palacio (02)

Si la sorpresa tuviera manos, claramente me habría abofeteado y me habría gritado acerca del arrepentimiento que habría significado después si no lo hubiera hecho en ese momento. Vi, a mi derecha, allá en donde una pared resguardaba tres pinturas, a una familia que atentos, y todos usando gafas, veían los cuadros; y se acercaban, y alejaban, y se movían a la derecha e izquierda. ¿Qué había hecho yo para menospreciar antes de tiempo a una exposición de pintura en… ¡Sí! tercera dimensión?

Museo del Palacio (03)

Museo del Palacio (04)

Museo del Palacio (05)

Me coloqué los lentes y empecé a sentir esa sensación de mareo y desorientación, y por más que lo desearan mis manos no conseguían tomar las figuras que sobresalían de los cuadros. Y me quitaba los lentes, y veía, y me los ponía de nuevo, y veía; y me movía apenas un milímetro a cualquier parte, y al instante los movimientos en el cuadro aparecían, y aunado a ello, una explosión de colores fluorescentes (la mayoría de cuadros los tenían) se ejecutaba entre los marcos. Cada pintura diferente en su contenido y diseño, incluso en la intensidad del efecto 3D, y cada una, a semejanza de la otra, realmente impresionante. Es una lástima que la lente de la cámara no sea capaz de captar este magnífico efecto en una foto, habría sido estupendo no sólo compartirles por medio de palabras lo que Bernardino Cerqueda ha logrado hacer en su magnífica obra…

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Museo del Palacio (07)

Museo del Palacio (09)

La siguiente sala, como dijera Megamente en la escena del restaurante con la chica, también me dejó “Boquiabiertado”… Incluso el preámbulo citado a la entrada de esa habitación te abría las puertas a uno momentos de encuentro con lo fantástico:

Museo del Palacio (11)

Semillas y Alas al viento. Identificarse con una Crisálida es encontrar ese punto sensible, fuerte y sabio que se alberga dentro de cada uno de nosotros. Es una búsqueda de la liberación de este ser que espera en nuestro interior y que nos negamos a ver, talvez porque creemos que solos no podemos acceder a él, sin embargo, es posible.

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Museo del Palacio (19)

Museo del Palacio (17)

Era como observar la belleza de lo tétrico de un ser petrificado por alguna maldición sufrida en favor de un ideal, o algo así me imaginé apenas empecé a observar cada una de las crisálidas, esas hadas que eran mostradas en un ambiente natural pero lamentablemente cesado por algunos factores infinitos. La mezcla de la hojarasca, flores secas, troncos con musgo deteriorado y alas de mariposa o incluso de las mismas hojas caídas; ofrecían a la vista y a la imaginación un arrebato infantil de emoción y deseos soñadores de libertad, de conocimiento, de magia, de belleza, de amor y de bondad. Era como poder tener de frente a escasos centímetros y delimitados por un a pared de cristal, a esos pequeños luminosos que tanto deseamos encontrarnos en las entrañas de nuestro jardín y permanecerlos frágiles observados un minuto en las palmas de nuestra manos, y verlos partir contagiados de sueños y fotones de su esencia. Era mágico, quizás -perdón si me leo presuntuoso pero no es mi intención- no tanto por los materiales en sí o el resultado de su conjunción, que de por sí ya son bellos; si no por la capacidad eterna de hacerte soñar y no desear que el tiempo continuase o que tus ojos tengan que parpadear.

Museo del Palacio (13)

Museo del Palacio (14)

Museo del Palacio (18)

Diferentes ambientes, diversas posiciones, variables elementos en cada escena, crisálidas en cantidades no iguales; así era, y era también como poder rodear una pintura al óleo; sí, así era, era como poder apreciar un cuadro desde afuera como el comprador empedernido, desde en medio como el apasionado pintor, y desde adentro como el segundo del protagonista del tema y ¿Por qué no? Desde los lados como los elementos secundarios que aparecen tan sólo para rellenar el cuadro pero que sin ellos no significaría lo mismo; era como moverte en medio de una estética obra de arte plana, y convertirla un segundo en algo tridimensional, o a lo mejor estoy confundido; era quizá como moverte alrededor de una obra tridimensional y convertir cada perspectiva en la memoria fotografía de un cuadro único e irrepetible.

Museo del Palacio (21)

Diversas sensaciones te transmitían esas figurillas sin rostro ¿Cómo puede ser eso posible? Quizás el autor de esta obra (Adriana Navarro, enlace de video) piense que el rostro no sea precisamente la máxima herramienta de expresión de emociones, y tan sólo sea una más, tal como la postura del cuerpo, la unión de las manos, la cascada de una cabellera, la espalda y su textura, las agrupaciones de individuos… Quizá todo no es como imaginamos al principio, o mejor dicho, quizá no hemos imaginado todo lo suficiente…

Museo del Palacio (16)

La siguiente sala nos retornaba a los lienzos semiplanos aderezados con pinceladas de colores, como diría la autora Doris Arellano Manzo: “Oaxaca, vibras en mis pinceles”. Y digo semiplanos porque, en efecto cuando la mayor parte de sus obras son hechas sobre bases casi completamente planas, sale a relucir el relieve irregular de las mismas en algunos de sus cuadros. Como si pintase sobre trozos de adobe seco pulidos con la caricia del agua viajante a través del barranco arcilloso a la sombra de los viejos pirules y mezquites.

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Su trabajo es bastante estético, estampando escenas muy comunes y tradicionales de Oaxaca y su gente, y la simbología autóctona de dicha cultura. Pude apreciar un cuadro en especial que muchos días después recordé y definí como una escena del baile de la piña, baile regional que nunca falta en los festejos de la Guelaguetza. Ciertamente, te permite conocer un poco de lo que es Oaxaca a los ojos de ella, y caes en la cuenta de que es así precisamente como mucha gente identifica a este hermoso estado, con esos colores resaltando en los cuadros mientras los demás elementos cuentan una historia.

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Museo del Palacio (26)

Museo del Palacio (28)

Museo del Palacio (29)

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Al dirigirte a la planta de arriba, te topas con el mural que desde tu entrada al museo te menciona la encargada y que te recuerdan ser precavido para no recargarte sobre la pared y a prescindir del flash de la cámara si deseas hacer alguna toma. Es un mural realmente bello, y te anticipa a un viaje por la tecnología e historia que habrás de realizar cuando te encuentres allá arriba.

Museo del Palacio (36)

Contarte sobre lo que hay arriba me llevaría mucho tiempo, recorrí cada habitación y era excesivo lo que se puede mostrar tan sólo en un post. Me he de limitar a contarte a manera general lo que puedes hallar.

Museo del Palacio (34)

Desde juegos de destreza en inteligencia, hasta sistemas educativos para aprender sobre sismos en Oaxaca e incluso simular uno para apreciar los movimientos tectónicos; te asombras al conocer la vida registrada en fósiles que te van mostrando su historia al pasarlos por el lector de barras; también hay un escenario en donde puedes manipular la iluminación del día y la noche y ver el tipo de fauna que prospera en tales condiciones en un ambiente desértico típico de algunas partes del mundo. Logras entender juegos prehispánicos mediante exposiciones multimedia que hacen que captes la forma antigua de la recreación; Puedes hacer un viaje bajo el agua y conocer las formas de vidas oceánicas; tienes el alcance de imaginar cómo es el centro de la tierra y apreciar la forma en cómo se mueve un grano de polen que es chocado infinitas veces por los átomos de aire que alrededor suyo existen; y por si fuera poco, hay un panel cósmico que te muestra la escala de nuestro tamaño respecto al universo para que estimes cuán pequeño y frágil es nuestro mundo.

Museo del Palacio (41)

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Existe inclusive un apartado para conocer los derechos humanos y los valores sociales de nuestra actualidad; aprecias la evolución del hombre y su sueño aéreo por volar, contemplando modelos a escala de los primeros artefactos inventados hasta aquellos que son manipulados a distancia; y, entre otras muchas cosas más, puedes identificar los elementos de la tabla periódica que componen a las piedras, las plantas, los materiales sintéticos, los alimentos, los animales, y por qué no, a nosotros mismos…

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Museo del Palacio (40)

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Y así por fin, al haber visto la totalidad del interior del museo y apreciado sus salas multimedia, salí sonriente a buscar algo para comer; ya era cerca del medio día y el hambre se dejaba notar. Después de comer, proseguí con el recorrido tranquilo y sereno, rondé un poco nuevamente cerca del Kiosco del Zócalo, cuando me tope de manera espontánea con una circunstancia que a todo mundo llamaba la atención, a tal grado de apartar a algunos de sus mesas en los pasillos restauranteros para acercarse un poco más a tan bonito aspecto…

Museo del Palacio (37)

Continuará…

Con gusto les comparto la galería:

2 comentarios:

rashteco dijo...

Excelentes fotos amigo :D, muy bonito el lugar!

Eduardo Robles Pacheco dijo...

rashteco:

Gracias, y espera a ver las de los siguientes días XD!!!!! Igual de hermosos los lugares a este!

Gracias por tu comentario XD!

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