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viernes, septiembre 09, 2011

:: En Teotitlán del Valle ::

Teotitlán del Valle (37)

Retrocedamos al inicio del día, al momento inmediato de salir del hostal rumbo a la agencia de viajes: Recuerdo que Don Wilebaldo había pasado también la mañana anterior por el restaurante ofreciendo sus artesanías. Cuando me habló para promocionarlas me sonrió como admitiendo la curiosa proeza (o mera casualidad a propósito) de encontrarnos de nuevo, y luego de una pequeña plática sobre su trabajo me aceptó un café antes de partir ambos a nuestras actividades.

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El Señor Don Wilebaldo.

Él es de Santa Elena del Valle, y se dedica a la elaboración de artesanías de lana. Desde muy pequeño, este arte ha venido siendo el sustento y una más de las actividades cotidianas a lo largo de sus cerca de setenta y cinco años de edad. Entre pláticas sobre el origen de este arte, el auge que ha venido teniendo actualmente, la cantidad de artesanos que mantienen vivo este aspecto, y un montón de temas curiosos que giran alrededor de las maravillas que se obtienen de la lana –sin mencionar, claro, lo extraordinario de la obtención de los colores y tonos para teñirla- me comentó que, hace mucho tiempo estuvo viviendo en Tapachula, donde permaneció quince años de su vida, cosa que me congratuló porque la descripción que realizó fue tal que pareciera que de ahí viniera apenas hace unos días; y eso que ya pasaron más de treinta años…

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Dormilón cobijado/descobijado.

La plática de él me sirvió de mucho para entender un poco acerca del trabajo que se realiza con la lana; y esto fue un gran antecedente después de haber visitado el Árbol del Tule, ya que el segundo destino del tour era un lugar semejante al que vio nacer a Don Wilebaldo, me refiero a que ahora iríamos a un lugar llamado Teotitlán del Valle…

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Apenas entrando por carretera a lo que parece los inicios del pueblo, nos detuvimos para entrar en una de las primeras tiendas que logran verse por ahí. Hay muchas tiendas, cada una de ellas trabaja la lana y, aunque se dedican a lo mismo, la diferencia recae en los diseños y en lo colorido de sus trabajos. Hay tiendas que dan la impresión de enfocarse a paisajes naturales coloridos, otras más a diamantes zapotecos, algunas otras a líneas transversales que van intensificando de grosor y tono, incluso hay una por ahí que se enfoca a hacer tejidos exclusivamente en escala de grises…

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Lana hilada en sus tonos naturales. No apto para borregos cardiacos.

Entramos a una en particular, en donde nos atendió nuestro anfitrión: Víctor. Después de un breve saludo y un paseo introductorio por el taller, nos sentamos atentos a lo que tenía que decir, y en silencio, nos dedicamos a escucharle en español, haciendo referencias a algunas palabras en zapoteco y mixteco, y para los extranjeros con la traducción en inglés pertinente enseguida de la explicación española. Intentaré dar una referencia de lo que en esa mañana despejada él plasmó en nuestro anecdotario viajero; espero pueda transmitirte un poco de la maravilla del proceso que se encierra en el tratamiento de la lana, desde que pertenece al animalito cuadrúpedo, hasta que pertenece al animalito bípedo…

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Ismael, nuestro guía, haciendo una breve presentación antes de que Víctor entrara.

Todo inicia, amén desde los grandes conocimientos de nuestros ancestros prehispánicos, con la materia prima: la lana (vellón) del borrego. La lana en su estado natural es una serie de pelos que cubre y protege al animal, y cuando éste es trasquilado empieza a surgir en trozos de algodón de pelo suave que al final se convertirá en metros y metros de hilo. La lana es de color claro en su mayoría, aunque a veces suele tener un color un poco oscuro dependiendo del animal; esto sirve para que los tonos de colores sean de diversas índoles, así la lana tenue de color dará tonos más claros que la lana oscura. Al principio, el animal carece de un peinado o lavado para sacar el provecho de su lana, no es necesario; ya desprendida la lana es que empieza a limpiarse, para ello primero se desmenuza, se lava en el río con la ayuda de una raíz llamada amole, que produce una espuma especial capaz de limpiar de impurezas a la lana. Luego se deja secar y posteriormente se cepilla.

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Su mano derecha: Amole. Izquierda: Lana recién trasquilada.

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Cosa fácil de ver y extremadamente complicada de realizar, el cepillado de la lana.

Una vez cepillada la lana y teniendo la apariencia de un algodón de azúcar a medio comer, se procede al hilado. Para eso basta unir suavemente el extremo delgadito de una bola de lana al extremo de un filamento de la lana ya hilada, y como por arte de magia se hace una unión fuerte, lista para seguir hilando. Mientras el artesano hace girar la hiladora con una mano, con la otra deja que el hilo viaje delgado para mantener el grosor global de la lana, que poco a poco va creciendo en una especie de carrete.

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Incluso se pueden mezclar lanas naturales de diversos tonos para sacar grises variados.

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Una vez cepillada la lana, sale cual algodón nuboso en pompa.

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Hilarlo es más complicado de lo que se ve, sobre todo por el hecho de medir la fuerza aplicada.

Ya teniendo, digamos, los carretes de lana con cierta cantidad de metros, se procede a teñirse; este es también un proceso lento, que requiere días y sobre todo, requiere ciertos ingredientes para obtener el color deseado. Por ejemplo, para lograr el azul se hace uso de las hojas de una planta que solamente se da en la región cercana al istmo; dichas hojas deben secarse y luego mediante un proceso de hervido se obtiene una especie de piedras con el tinte azul, listo para la posterior usanza, algo así como pastillas de color. Para el verde se utiliza una especie de musgo, o en algunos casos hojas de laurel. Para el amarillo flores, para el café a veces cáscaras de coco, y para el rojo ni más ni menos que las cochinillas del nopal, que son pequeños insectos (Caccus Cacti) que parasitan las hojas del nopal o tunera y tiene forma de grano rojizo-negro cubierto por un polvo blanco. También se hace uso de tintes industriales para dar color, aunque claro, al cabo de algunos años tienden a perder su fortaleza y el trabajo se va descolorando, cosa que no o curre con tintes naturales procesados por la misma mano que tejió la artesanía.

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Algunos tonos de color que pueden conseguirse.

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Para el verde, un tipo de musgo.

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Amarillo, flores de no sé qué :S

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Azul, flor de por los lares de Tehuantepec, cuyo nombre olvidé.

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Sí, copal, como el de los alebrijes, para hacer tonos más claros.

Veamos un poco sobre la producción del color rojo, que es el color cuya obtención más asombro provoca entre los visitantes. En esta ocasión pudimos apreciar que cuando se obtiene del nopal el insecto llamado cochinilla, no es más que eso. Sin embargo, cuando es aplastado crujientemente con el dedo sobre, en este caso, la mano de alguien, empieza a brotar algo que, pese a pensarlo al principio, no es sangre; si no es un compuesto químico natural que resulta de la convivencia del nopal y su parásito, es decir, algo así como el bolo digestivo dentro del animalito.

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Eso blanquito son las cochinillas, nada que ver son las que se hacen bolita.

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Crujiente proceso para obtener el color rojo.

Este color es un rojo sanguíneo, sí, es verdad. Sin embargo, si le aplicas unas gotas de ácido cítrico (o sea, jugo de limón) da origen a un tono rojizo más claro, una especie de rojo pasional jejeje… Y ahí no acaba la historia, si a este rojo “pasional” la agregas un poco de bicarbonato de sodio, y lo frotas con movimientos uniformes obtendrás poco a poco un tono morado que difiere muchísimo de los colores que antes obtenidos; es aquí en donde las preguntas sobre cómo fue descubierto este aspecto empiezan a formularse, pero eso sí, ninguna respuesta viene por parte de nuestra imaginación…

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Aplicas limón... Y emerge el rojo intenso "pasional".

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Aplicas limón... Y emerge el rojo intenso "pasional".

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Y si aplicas bicarbonato de sodio, morado saldrá.

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Y si aplicas bicarbonato de sodio, morado saldrá.

De esta forma, se obtienen infinidad de tonos y colores que servirán para la fabricación textil de alfombras, zarapes, abrigos, cobijas, jorongos, tapetes, prendas de vestir, gorros, y un largo etcétera… Se pueden apreciar a simple vista las herramientas que se utilizan para todo este proceso; entre ellos destacan (y con mucha ventaja) los telares.

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El formato de los telares se basa en palos que van tejiendo, existen telares de forma horizontal y vertical. Se componen de un aglomerado de hilos organizados casi siempre de forma vertical llamados la "urdimbre". Los hilos colocados en horizontal son nombrados la "trama". El maquinarlos es un procedimiento por el cual se va pasa la urdimbre por arriba y debajo de la trama, cruzándola. Al final, con todo este cruzamiento se consigue lo que conocemos como la "tela". Aquí en Teotitlán nos mostraron los telares de pedal, este tipo de telar consiste en una armazón de madera y su funcionamiento incluye ya un cierto nivel de mecanización. Fue una de las aportaciones más importantes de los primeros españoles artesanos que llegaron al país tras la conquista.

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Este tipo de producción telar es muy compleja de explicar debido a las múltiples operaciones por las que pasa la urdimbre antes de convertirse en una hermosa pieza de tela típica. De manera muy básica podemos decir que varillas que cuelgan del armazón de madera, se conectan con los pedales (largas piezas de madera debajo del telar), los cuales accionan el mecanismo de entrelazado de los hilos de la urdimbre. Por tradición, este tipo de telar es más utilizado por los hombres, aunque un buen número de mujeres (que suelen hacer más uso del telar de cintura generalmente) se han incorporado a su utilización.

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Y así, entre asombrosos relatos de cómo se lleva esto a cabo y el colorido inmenso de los tapetes que colgaban por todo el taller, nos permitieron apreciar algunas de las prendas tejidas más codiciadas que tienen ahí. Debo mencionar que, de igual manera, no se nos permitió tomar fotografías de esas prendas, por lo que tan sólo debo decir que se trataban de tapetes de todos los tamaños, desde pequeños capaces de servir como adornos de pared hasta cobijas para calentar camas matrimoniales, y todas ellas con diseños exquisitos llenos de color y de formas precisas y definidas. Todas con su historia propia y con sus características de elaboración y precio; unas que se realizaron en un par de semanas hasta otras que llevaron en terminarse más de un año o dos.

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Esa es la esencia de Teotitlán del Valle (ver video), sus hermosos tejidos de lana y el arraigo por mantener esta tradición de todo lo que le concierne a este arte; un destino realmente espectacular para las pupilas más exigentes, una zona provocadora de suspiros femeninos y emociones autóctonas de todas edades. Un verdadero sitio de cultura prehispánica aún vigente que se desarrolla sin el afán de mantener resguardado su secreto para sí, y en lugar de ello, brindarnos un trozo de sus raíces, raíces nuestras, raíces antiguas, raíces del mundo…

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¿No es acaso una maravillosa manera de tejer nuestros sueños?

Continuará…

Con gusto, te comparto la galería:


3 comentarios:

El Xhabyra dijo...

y lo mas fascinante es que ninguna compputadora interviene en el proceso!


xhaludos!

KUMASTER dijo...

Orale... tenia conocimiento del los huevos de cochinilla que los ponen en los nopales serven para colorear, pero jamas me imagine que agragando limon y carbonato se tengan esas variaciones y tonos

Eduardo Robles Pacheco dijo...

El Xhabyra:

Exactamente, todo es 100% a mano ca... Qué chingones! XD


KUMASTER:

De igual forma me sorprendí, si no lo veo, en serio que me hubiera costado creerlo jejejeje!



Gracias por sus comentarios XD!

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