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lunes, enero 16, 2012

:: En la cascada "Arcoíris" ::

Cascada Arcoiris (36)

Viernes 13 de Enero. Sai Kun había llegado a la casa la noche anterior y me había comentado sobre una salida express que se le ocurrió a Yami rumbo a un ejido llamado Unión Roja, para buscar una cascada de cierto atractivo especial. Divagué un rato, hasta que cedí a ir pese a ser un día laboral (¡Shhh que es secreto! :P). Sí, el viaje representaba cierta prisa y espontaneidad con un toque presuntuoso, y es que una vez que caímos en cuenta de ser al final cuatro personas pudimos percibir que, en efecto, no era algo fácil programar un mochiviaje entre semana; pero las cosas se dieron, no es como que no fuéramos a ir nuevamente con los demás que han venido conformando nuestra flota o con quien guste unírsenos a estas maravillosas aventuras (¡ojalá pudieras unirte hombre! Que se disfruta de lo lindo).

Cascada Arcoiris (01)

Ya estaba decidido, y las experiencias nos habían dado ya un colmillo para prevenir ciertas condiciones, por lo que después de vernos en el punto de reunión oficial (sí que ha sido una gran referencia accesible para todos nosotros la fuente del parque central) fuimos a proveernos de víveres Yami, Sai Kun, rashteco y yo. Cada vez se va puliendo la estrategia de viaje, hasta el grado en que he pensado en armar un kit de mochiviajes con todo aquello que hemos visto que llega a ser necesitado; supongo entonces que será una gran contribución para el futuro.

Cascada Arcoiris (02)

Cascada Arcoiris (03)

Después de aproximadamente 40 minutos de camino vía vagoneta pública hacia el norte de la ciudad, saliendo por esa avenida que todos llamamos “La octava” y rumbo hacia “El Edén”, llegamos a Unión Roja. Bajamos en el parque, que básicamente es la base de llegada del transporte, y por referencias del “chalán” -cobrador- pudimos seguir el camino por, precisamente, la carretera en que llegamos; pasando de largo el parque y encontrándonos con el final de esa carretera y su continuación como un camino de tierra blanca y dos surcos planos en medio de tres de grava blanca a lo largo del camino.

Cascada Arcoiris (06)

Tomamos el paso con la premisa de que no sería tanto el tiempo de camino y que la cascada se encontraba a orilla de la carretera, lo que nos pareció un tanto curioso porque es algo un poco abigarrado de imaginar. Lo primero que hallamos a apenas unos doscientos metros de haber iniciado fue una especie de laguna rodeada por pastizales (donde se alimentaban algunos chivos) y cuya actividad acuática era tranquila, su entorno muy verde, aunque no un verde muy saludable; estaba algo descuidado, y se notaba porque daba lugar para algo más bello y de mejor sanidad si tan sólo se le aplicara la debida atención.

Cascada Arcoiris (08)

A medida que seguíamos el camino empezaba a acalorar; en su mayoría de longitud no contaba con grandes árboles que procuraran sombra, lo que representaba espacios quemantes por un sol que atacaba a tales horas de la mañana; no lo teníamos contemplado, pero nos ha servido bastante la lección ya que mantendremos conciencia de cualquier condición de viaje posible.

Cascada Arcoiris (45)

En las partes en donde nos lo hacía de anfitrión la sombra de grandes árboles delgados, el paso era más lento, más observador y optimista; bromas por aquí y por allá contemplando la diversidad de insectos sobre las plantas. Vi dos nuevas especies de mariposas, cuyas alas me dejaron un poco deslumbrado. También las orquídeas (de colores azules y también tonos naranjas) cedían su colorido a nuestro paso, observándonos desde su apartamento allá a la mitad de altura de los grandes troncos que les resguardaban del hombre y su estúpida codicia de llevarse a casa lo que ha florecido en medio de la naturaleza con el mérito de hacerlo por sí mismo.

Cascada Arcoiris (44)

Los árboles de mamey nos mostraban su fertilidad con ramas curveadas por el peso de sus frutos; el aroma agridulce de las mandarinas corría al viento cuando éste soplaba sobre nuestras narices, y en un ápice de gozo descubríamos el origen lejano del aroma, arriba, en la cima de la colina; en donde el cítrico puede a gusto darse el lujo de mezclar tonos verdes y naranjas desde las hojas en las ramas y desde ellas sus frutos. Las paternas pendían en grupos de tres a cuatro por las ramas de sus árboles, augurando un crecimiento idóneo dentro de algún par de meses y pendientes de tener un sabor dulce en aquel algodón que envuelve sus semillas de jade; y cerca del camino, aunque no tan obvias pero sí muy presentes en la orilla (como siendo espectadoras a los viajeros de paso), de estampa discreta y camuflaje perfecto para disimular su gracia y extraordinario encanto, las musáceas aparecían de manera dispersa, sorpresivamente, colgando de cada una sus pencas aún verdes y delgadas, a plena luz del día y esperanzadas en no ser tan acechadas en el futuro por los clarineros que, con su apetito insaciable, apenas permiten que la mayoría de ellas pueda llegar a madurar ese tono amarillo tan vivo y reluciente, ese tono tan propio de la textura fresca y suave de las bananas.

Cascada Arcoiris (09)

Cascada Arcoiris (07)

Poco a poco los valles del volcán se iban viendo según avanzábamos por las curvas del camino, el cielo estaba despejado y el calor era intenso ahora que ya empezábamos a caminar en espacio abierto sobre grava y sin sombra de altos árboles; el viento también aminoró, un poco. Si embargo, ya se vislumbraba a lo lejos, allá por donde pensábamos que era el origen del canto de la urraca, un hilo tenue blanco de agua. Se veía cerca, pero tardamos más de lo estimado (o fue eso o simplemente que caminábamos un poco más lento que al inicio). Cuando pasamos al lado de ese hilo supimos que no era a donde teníamos qué llegar con exactitud, si no más adelante, sólo un poco más: Donde se veía claramente cómo caía el agua sobre un costado de la carretera y emanaba una brisa cristalina opacada sólo por el sonido cercano de su caída. Cuando bajamos la carretera y la tuvimos de frente, sabíamos que habíamos llegado a la cascada “Arcoíris”, y entonces, con algo de timidez, la tenue cascada vista previamente ahora formaba parte del paisaje de fondo, escondiéndose entre ramas y árboles a mitad de la loma que admirábamos sólo cuando veíamos hacia atrás para admitir el camino realizado.

Cascada Arcoiris (10)

Cascada Arcoiris (12)

Cascada Arcoiris (13)

Cascada Arcoiris (22)

Con el aliento cansado, “Ahhhhhhw…” fue la expresión de llegada y descanso. Desempacamos, nos pusimos cómodos y desayunamos con calma pese a que hacía bastante calor; ya después, era hora de probarla en su totalidad, de saber si el agua esta fría, de saber qué tan intenso era el cosquilleo en tu espalda al recibir su caída, de saber qué se siente nuevamente conectarte de manera natural con los elementos que existen en armonía alrededor.

Cascada Arcoiris (14)

Cascada Arcoiris (16)

Cascada Arcoiris (17)

Debo decir que hay dos grandes cosas que me fascinaron: En primera, que no hay una poza como tal bajo la cascada, algo que no había visto. Suele pasar que en la mayoría de ríos que tienen alguna cascada, a sus pies tienen un hundimiento pronunciado en el que se puede nadar a gusto. En la cascada “Arcoíris” no hay tal cosa, al parecer esta cascada fue producto de un evento climatológico reciente (Huracán “Stan”) y su caída no es tan intensa debido a la poca cantidad distribuida de agua que tiene. Esto me gustó porque prácticamente puedes ponerte de pie bajo la cascada, aunque sí debes hacerlo con cuidado por la multitud de pequeñas y puntiagudas piedras que pueden afectar tu paso si es que estas descalzo.

Cascada Arcoiris (19)

Cascada Arcoiris (24)

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La segunda cosa es pues, que la brisa cristalina de la caída propicia que la luz se descomponga y forme un par de arcoíris al pie de la cascada. Para fotografiar es magnífico, porque la toma la haces desde la altura misma del arcoíris y el que no haya poza te da libertad de movimiento para una libre perspectiva. Esto es maravilloso y voluntariamente hipnótico, te atrapa con tu consentimiento. Mejor nombre no le pudieron encontrar a al cascada.

Cascada Arcoiris (27)

Cascada Arcoiris (31)

Cascada Arcoiris (37)

Luego de estar ahí disfrutando de la ricura del agua, exploramos un poco más hacia delante, unas señoras que iban de paso nos dijeron que por ahí estaba el río grande, adecuado para bañarse en alguna poza o bien en alguna parte del río con profundidad suficiente para relajar el cuerpo. Caminamos un poco más para atravesar hundimientos de arena y piedra, hasta encontrar el río. No es del todo caudaloso pero sí tiene partes accesibles en las cuales se puede uno bañar a gusto. De nueva cuenta invertimos tiempo ahí.

Cascada Arcoiris (38)

Cascada Arcoiris (40)

Cascada Arcoiris (41)

Ya para el regreso, cansados, llegamos al pueblo; buscamos algo de comer y luego haber comido y saciado nuestro apetito estábamos de regreso a la ciudad. Llegamos cerca de las 6:30 de la tarde a Tapachula después de un trayecto apacible y de oscura frescura. Fue una salida express estupenda, y lo curioso es que ya de regreso, en la vagoneta, caímos en la cuenta de que se había tratado ni más ni menos que del primer mochiviaje del año…

(También puedes ver las impresiones de este mochiviaje en palabras de Sai Kun y en palabras de rashteco)


Cascada Arcoiris (43)

Cascada Arcoiris (47)

Tan sólo por el hecho de poder viajar...

Cascada Arcoiris (39)

... Y conectarse con uno mismo...

Cascada Arcoiris (33)


Con gusto, te comparto la galería:

4 comentarios:

Pasajera dijo...

Se parece a una de las cascadas que esta en la carretera rumbo a Motozintla.

Buena Reseña!

Eduardo Robles Pacheco dijo...

Pasajera: ¿En serio? ¡Vaya, me encantaría conocer esa cascada también! Muchas gracias XD!

Gracias por tu comentario ;)!!

Lalo Lopez dijo...

Tanta bellesa de nuestro estado de Chiapas por descubrir para para el mundo

Lalo Lopez dijo...

Tanta bellesa de nuestro estado de Chiapas por descubrir para para el mundo

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