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viernes, noviembre 22, 2013

:: Un cumpleaños de altura: Salto en paracaídas ::

Salto en paracaídas (19)

(03 de Agosto). La cita era justo a medio día, que sería la hora grandiosa. Nahiely me había adelantado mi regalo de cumpleaños cuatro meses doce días. Luego de dejar el hotel y abordar un taxi, llegamos por fin al aeródromo “Miguel Alemán” de Comitán, Chiapas. Bajamos y al entrar al aeródromo (carretera Comitán – La Trinitaria frente al entronque a Tzimol) nos topamos con el ambiente en el que ella me celebraría mis 30 años de vida de una manera tan extraordinaria que quedará perpetuado en mi mente, en mi corazón, y en cada célula que compone mi cuerpo: Había programado con anticipación nuestro primer salto en paracaídas, un presente extremo, temerario y maravillosamente inolvidable.

Salto en paracaídas (01)

Salto en paracaídas (03)

Salto en paracaídas (05)

Evitamos tomar desayuno ya sea por la emoción o por lo nervios, y éstos crecieron a cada paso que entrábamos y buscábamos las oficinas para culminar el proceso de registro y abordar nuestro turno de capacitación antes del vuelo. La pista estaba ya ubicada, algunas avionetas estacionadas, las autoridades militares vigilaban cada aspecto de los lanzamientos y la aglomeración se mantenía al tanto de quienes bajaban planeando del cielo y de quienes seguían en la lista de los lanzamientos; y ahí estábamos nosotros, aún viendo el espectáculo desde abajo, mientras las avionetas circulaban los aires a grandes alturas más allá de las esponjosas nubes de ese día despejado. Llegamos al registro, y habiendo leído con detenimiento el contrato, sobre todo la parte de “La empresa no se hace responsable por daños a terceros” –o algo así decía mientras nosotros pensábamos “¡¿Qué cosa?!”– y habiendo preguntado sobre el margen de fallo en los saltos (cuya respuesta fue un satisfactorio 0% de error); firmamos al final de la hoja. Todo estaba listo, era cuestión de esperar…

Salto en paracaídas (07)

Salto en paracaídas (18)

Salto en paracaídas (20)

Nahiely tomó tranquilamente una nieve mientras la espera nos acercaba al momento, yo evité probar bocado; debo ser sincero y confesar que, pese a que pareciera miedo lo que me llenaba, no era otra cosa más que una emoción tan grande que se salía de mi control y se traducía en asombro por todo lo que veía y todo lo que sucedería. De pronto, mientras buscábamos en el cielo las avionetas, no podíamos ver más que sólo puntos (y de vez en cuando una miniatura alada con la ayuda del zoom de la cámara) en medio de un azul intenso despejado; hasta allá arriba se dejaban describir apenas unos pequeñísimos puntos que poco a poco mientras se acercaban a la tierra tomaban forma en coloridos mantos curveados con dos personas abajo: El instructor y el osado novato. Y cada que se acercaban al suelo planetario las vistas de los visitantes no se les despegaban, tanto así que incluso los menos curiosos se acercaban lo más que estuvo permitido para ver a los viajeros del cielo descender y llegar al suelo sin rasguño alguno, pero eso sí, con demasiadas expresiones faciales de un paroxismo aéreo: Uno que dentro de unos momentos habríamos de sentir para culminar seguros de afirmar que dicha actividad es adictiva, de manera que acabaríamos decidiendo hacerlo cuantas veces más se pudiera en la vida.

Salto en paracaídas (21)

Salto en paracaídas (22)

Salto en paracaídas (25)

A cada minuto el espectáculo se repetía; y las emociones no mermaban, al contrario, se aceleraban y el pulso cardiaco provocaba nudos en la garganta, nudos que se preparaban para después convertirse en gritos de emoción y de adrenalina, gritos que deseaban salirse no aquí abajo a nivel del suelo, si no allá arriba a un poco más de 13,000 pies (3.96 Km) de altura. Sí, a casi cuatro kilómetros… Y llegó el momento, pronunciaron nuestros nombres como los siguientes en la lista… ¿Qué hacer? ¿A dónde me voy? ¿Con quién nos acercamos? ¿Declinamos ahora que aún es tiempo? No, hombre, tranquilo, que ya estábamos ahí y por tanto estaba escrito que debíamos hacerlo pese a la aceleración cardiaca y a la incertidumbre por lo que venía. Nos acercaron con los paracaidistas experimentados, mi asesor era Paco, el de Nahiely era Temiz; y apenas nos presentamos entrábamos a la zona de preparación obligatoria antes de abordar la avioneta.

Salto en paracaídas (16)

Salto en paracaídas - Nahiely (02)

Salto en paracaídas - Eduardo (02)

Hay por lo menos 5 puntos y recomendaciones importantes a considerar en los que hay que practicar antes del salto:

1.- En primer lugar, colocarse el arnés para hacer los ejercicios. Antes de abandonar la avioneta debemos colocarnos los lentes; sujetaremos al arnés con ambas manos y los codos pegados al cuerpo, el cuello lo mantendremos hacia atrás para evitar una sacudida por la caída y así mismo las piernas también hacia atrás y con los pies cruzados.

2.- Al saltar, la posición de caída libre será acostada boca abajo, el cuello hacia arriba y los brazos se soltarán del arnés firmes y abiertos en 90°, las piernas se mantendrán estiradas hacia atrás y los pies cruzados; todo el cuerpo rígido y curveado hacia arriba para propiciar una posición aerodinámica que permita caer en armonía sin que el cuerpo sufra modificaciones por el viento y la velocidad, todo con resistencia moderada para que el viento no nos sacuda como espaguetis.

3.- Una vez cayendo, la respiración debe ser a ritmo normal por la nariz, no hay afectación por la velocidad de la caída y no hay necesidad de respirar entrecortadamente. Podrías respirar por la boca, pero los gritos de emoción mantendrán tu garganta ocupada durante toda la caída.

4.- Cuando el paracaídas vaya a abrirse, el instructor te avisará y deberás soltar un poco el cuerpo por la inercia que produce el paracaídas al abrirse. Luego de eso, es pura planeación, puedes quitarte los lentes y admirar el paisaje y ya puedes aflojar tus brazos y piernas ¡Y maravíllate con lo que ves y con lo que sientes, que estás experimentando la increíble sensación de volar!

5.- Antes de hacer contacto con el suelo, deberás mover las piernas como si estuvieras corriendo para poder aterrizar sin problemas y de pie y disminuir poco a poco la velocidad hasta que el paracaídas haya descendido completamente y terminar ileso en el suelo (así lo hizo Nahiely); a menos claro que seas algo pesado y sea más conveniente tanto para el instructor como para ti el impulsarte un poco luego de trotar y caer sentado e interrumpir el avance en el suelo (cosa que sucedió conmigo).

Salto en paracaídas - Nahiely (03)

Salto en paracaídas - Eduardo (03)

Luego de la explicación, esperamos un rato; y todo estaba más que listo. Fui al baño para sacar el miedo, regresé, ya me esperaban los tres, ¡Andando compañeros! Que como dijo Temiz: “Lo peor que les pueda pasar es que les guste” Y no en vano lo dijo, porque tenía toda la razón. Caminamos rumbo a la avioneta, ya estaba preparada, nos aguardaba para separarnos del suelo gradualmente. Subimos, nos vimos uno al otro ¿En serio está sucediendo esto? Vaya que sí, y nos dedicamos a observar cada momento a partir de entrar en la avioneta.

Salto en paracaídas - Nahiely 
(04)

Salto en paracaídas - Eduardo 
(04)

Nos acomodamos con gran logística para que la avioneta empezara a avanzar, llegados a un punto distante se empezó a elevar, despegamos del suelo y ¡Hacia arriba vamos! Nahiely llevaba el altímetro ¡Madre santa! Que esa cosa al principio no mostraba nada y no nos percatamos entonces. La avioneta se elevaba en un vaivén tranquilo, el sonido del vuelo y la puerta abierta eran compañeros de viaje, nuestras voces se oían perfectamente pese al sonido de los motores, íbamos bromeando y escuchando a los instructores, posando para la cámara y observando el exterior a medida que nos separábamos del suelo y a medida que nos dábamos cuenta de cómo poco a poco la presión iba disminuyendo; además de apreciar cómo entrábamos a la zona donde las nubes dominaban con su forma de borregos aéreos paseando por el cielo en el que ya nos encontrábamos después de escasos minutos de despegar.

Salto en paracaídas - Eduardo (06)

Salto en paracaídas - Eduardo (05)

No recuerdo precisamente el momento en que nos dimos cuenta que ya estábamos a una altura considerable, pero sí recuerdo que además del paisaje blanquiazul a nuestro alrededor y una extensa llanura verde bajo nuestro vuelo de la que se distinguía claramente un charco azul al que allá abajo en el suelo le nombran ni más ni menos que “La Angostura”, el indicador natural de “mucha altura” era el frío. Sí, el frío se intensificaba, llegábamos a frotarnos las manos mientras atravesábamos nubes y mientras a todas direcciones veíamos lejana la superficie del planeta, de repente volteamos a ver al altímetro y… ¡Chispas! ¿Quién movió tanto la manecilla?

Salto en paracaídas - Nahiely (05)

Salto en paracaídas - Eduardo (07)

Salto en paracaídas - Nahiely (06)

“Usted nos avisa Capitán” —se oyó de la voz de uno de los instructores que ya auguraba llegar al punto exacto y propicio para el salto—. “¿Ya, tan rápido? Pero si estamos disfrutando del paisaje, hombre; no hay que ser tan precipitados” —pensaba yo mientras me frotaba las manos y sentía viento y frío cobijarme todo el cuerpo—. Y sí, ya era próximo el momento, dimos las últimas ojeadas al paisaje y Paco y yo nos hicimos al rincón mientras Temiz y Nahiely se acomodaban un poco para ya disponer el salto. “¿Ya? Muy bien, gracias capitán”—Dijo alguien—.  ¡Dios! Ya era el momento, estábamos a la altura requerida y en las condiciones listas para emprender los saltos, Nahiely y yo nos vimos absortos, pues ya había llegado el momento ¿Qué hacer, qué hacer? ¿Decir algo? ¿Pero qué? Y lo único que pudo envolver la expresión de la emoción, la adrenalina, la excitación y lo extremo del momento fue un beso, uno a 13,000 pies de altura (¿Quién más puede presumir algo así?); un beso que nos dimos y que llevaba encerrado consigo miles de palabras y de sentimientos, de expresiones, de gritos silenciosos, de sentimientos de grandeza, jamás de miedo o temor; todo al mismo tiempo encerrado en la duración de un instante de ese beso.

Salto en paracaídas - Nahiely (08)

Salto en paracaídas - Nahiely (09)

Salto en paracaídas - Nahiely (10)

Salto en paracaídas - Nahiely (11)

Salto en paracaídas - Nahiely (14)

En cámara lenta vi separarse de mi rostro el suyo, Nahiely y Temiz se acomodaron, se prepararon despidiéndose de nosotros, tomaron posición a la orilla de la puerta y entre un choque de viento en sus cuerpos apenas pude percibir el instante en que ¡Desapareció de mi vista! Sí, ni siquiera pude ver la caída o la posición esa curvada que nos dijeron, literalmente desapareció, y en menos de un instante Paco me tomó y dijo: “Ahora nosotros”. ¿Qué? ¿Ah? ¿Qué pasa? ¿Cómo? ¡Es verdad, también yo iba a hacerlo! ¿Pero por qué no logro comprenderlo? Todo estaba pasando tan rápido que mis pensamientos apenas estaban evaluando la realidad de la situación, cuando me di cuenta que estábamos ya en el borde de la puerta de la avioneta. “¡Estamos listoooos!”— Gritó Paco para darme señal que ya saltaríamos, pero todo estaba pasando tan rápido que mi mente dejó a un lado lo que estaba pensando escasos instantes atrás para detenerse un momento y apreciar el paisaje a nuestros pies: era Comitán desde la altura; y en micro segundos me posicioné tal como pude recordar en la capacitación y me dejé caer tal como había dicho Paco, y nuestros pies se despegaron de la avioneta para caer hacia la Tierra, a una velocidad tal que ¡Apenas podía escuchar mi propio grito de emoción! ¡Increíble!

Salto en paracaídas - Eduardo (08)

Salto en paracaídas - Eduardo (09)

Salto en paracaídas - Eduardo (10)

Salto en paracaídas - Eduardo (13)

Salto en paracaídas - Eduardo (19)

El salto inició con un giro hacia adelante, ¡Vi rápidamente cómo cambió lo que veía “abajo”! Pues en un principio era ese valle verde e instantes después era el horizonte, y luego veía todo azul, y por fin nuevamente el valle, ¡Dios, tan rápido hemos dado la vuelta y ni siquiera me dio tiempo de sentir el vértigo! ¿Qué sigue ahora? ¡Claro, caer a toda velocidad! ¡Ahhhhhhhhhhhhh Gerónimooooooooooo! Y era fabuloso ¡Increíblemente grandioso! No se siente vértigo en absoluto, nada; sólo se siente el viento alrededor de tu cuerpo a toda velocidad y ni siquiera golpeando fuerte o dificultándote la respiración, no, nada de eso. Gritar es inevitable y altamente recomendado, es la forma de expresar tu emoción resuelta a su máxima expresión, y mientras gritas, caes, y mientras todo eso pasa, respiras sin dificultad, y ves hacia abajo y a los lados, y te asombras de la belleza de la vista, no puedes creer que sea tan maravilloso ¡Y vuelves a gritar aún más fuerte! Y el viento infla tus mejillas tanto como puedan desprenderse de tus encías, y no importa, porque no duele ni arde, al contrario, se siente genial morder ese viento frío y veloz mientras caes, mientras observas el paisaje, mientras sientes todo menos miedo, mientras tu cuerpo aún no se hace a la idea de que está experimentando por primera vez la sensación de volar, y es mágico, es único, es sensacional, ¡Es chingonsísimo! y quieres que jamás termine.

Salto en paracaídas - Nahiely (19)

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Pero no pasa ni medio minuto cuando el paracaídas debe abrirse, y se abre, dándote un jalón un poco fuerte pero compensándote de inmediato con la tranquilidad de una planeación tranquila, sin más que el silencio de la música del cielo con esas notas musicales llamadas nubes escritas sobre la partitura del paisaje y al compás del deslizamiento en el aire. Es diferente a saltar de la avioneta, pero es igual de maravilloso. Y sientes cómo lentamente vas acercándote al suelo aunque el paisaje pareciera no cambiar de proporción, lo sientes porque ahora que no estás cayendo, si no planeando; tu percepción del vértigo se hace un poco notable cuando dibujas una curva en el paracaídas para retomar la dirección hacia la zona de aterrizaje. Extiendes los brazos, aleteas, juegas, observas todo con más calma, analizas el momento, disfrutas la vista y la sensación de volar lento, de acercarte a la superficie del planeta lentamente después de haberte lanzado en un impulso emotivo de adrenalina, te sientes feliz.

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Pero no termina ahí, el planear trae consigo regalos especiales, Nahiely atravesó una nube y por un momento estuvo rodeada de ese algodón frío que trae consigo formas tan diversas y el regalo de la lluvia; yo, aunque no experimenté lo que ella pudo, tuve la dicha de controlar por un momento la planeación y colocarnos en una posición horizontal que sí causó vértigo y me hizo gritar de emoción; fue simplemente sensacional, y lo que hace un momento no era más que una vista panorámica extensa de Comitán, se convierte en una vista cerrada del área de aterrizaje al cual pronto llegarás, te das cuenta que falta poco para llegar al suelo, y más te enfocas en disfrutarlo, en grabarlo en tu mente y en tu corazón, y ya sea que lo hagas o no con mucho esfuerzo, una cosa es segura, jamás se te olvidará.

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Al finalizar el salto, quedas con esa sensación increíble por todo el cuerpo, y ¿Qué mejor que tu video del salto para recordar esta increíble experiencia que acabas de sentir?



Fue increíble, absoluta y totalmente increíble; bien lo decía Temiz: “Lo peor que les puede pasar es que les guste”, Amén de sus palabras. Ahora, quedados extasiados de esta experiencia, no queda más que amenazar con repetirla a la primera provocación…¡Sin duda alguna! :)

Salto en paracaídas - Nahiely (19)
Para Nahiely, la chica intrépida que bate todos los récords... :3

Con gusto, les comparto la galería:
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