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sábado, abril 19, 2008

:: La Flautista ::


Una espesa columna de humo sale de aquella cabaña que detenidamente veo hace más de media hora, me desperté temprano y desde que amaneció hasta ahora, que la claridad del día y la frescura del viento son mágicas; permanezco impávido deseando detener el tiempo y no irme de aquí…

Hace frío, sí, y aunque el viento viaja a una velocidad no muy rápida sí provoca en mi boca algunos tiembles labiales, tal vez porque no me he acostumbrado al clima de estos lugares tan retirados que hasta ahora visito. Todo es verde, un verde vivo y lleno de humedad; debe serlo si se desea tener una muy buena cosecha de arroz al final de la temporada; porque por eso mismo se han ubicado aquí y han construido esas parcelas en forma de escaleras enormes que rodean a las lomas y a las faldas de las elevaciones de este lugar.

Las casas son construidas a base de madera, troncos, paja y adobe; y son sus habitantes calentados con el fuego de la leña en un rústico sistema de cocina y chimenea, que usan para brindarse calor cuando comparten los alimentos y cuando se disponen a descansar. Los hombres trabajan sembrando el arroz, o cargando aquellos grandes montones de pastos largos que han sido cortados para limpiar la zona de siembra; también hay quienes se dedican a cortar leña o a surcar la tierra; otros más la fertilizan, algunos hacen mover una polea enorme que sirve para captar agua del río y hacerla viajar por unos conductos de madera para destinarla a las casas, el riego, el alimento y el aseo de toda la comunidad.

Es un lugar pequeño, no más de 150 personas. Se levantan todos los adultos desde temprana hora a trabajar, mientras que los niños (los varones) juegan a atrapar libélulas en las partes aledañas a las casas, tratando de no interrumpir las labores agrícolas de sus padres. Las niñas ayudan a sus madres y aprenden el arte de la cocina, el tejido y la limpieza de las prendas de vestir; a algunas incluso, si cuentan con cierta edad, se les deja practicar la pesca al momento de acompañar a sus hermanas menores al río, cuando éstas se dedican a lavar la ropa. Así, todos contribuyen al bienestar local en donde las normas y autoridades no son necesarias, porque todos se rigen con la ley natural de la paz, el respeto, la concordia y el apoyo entre los pobladores.

Cuando siembran el arroz, los varones no descuidan su labor y se dedican a sembrarlo con gran esmero y delicadeza, procurando dejar el espacio suficiente entre los pastos para que puedan lograr el grado de madurez deseado sin reportar pérdida alguna…

“Las plantas también tienen vida. No pueden estar muy cerca, o entorpecerán su crecimiento, unas a otras. Tal como nosotros los humanos, debemos respetarnos unos a otros. De esa manera podremos vivir pacífica y felizmente…”

No obstante, cada uno de ellos, conciente de la labor que realiza al permanecer encorvado sembrando el arroz; mantiene la espiritualidad siempre y se toma un minuto de su tiempo para ponerse de pie, cerrar los ojos, abrir los brazos un poco y extender las manos, y dirigir la frente hacia el cielo mientras expresa una sonrisa de felicidad y agradecimiento; no es algo predecible, no ocurre cada cierto tiempo; no es algo programado; sólo sucede cuando sienten que el viento sopla más de lo acostumbrado, moviendo aquellas altas ramas de los bambúes y de los demás árboles, y regalando ese susurro natural que provoca suspiros entre todos nosotros, los espectadores…

Se escucha a los lejos una melodía, suave, melancólica y tranquilizante…

Siempre se levanta temprano, jamás la he visto sin una sonrisa en la cara y nunca le he oído decir palabra alguna de reproche contra alguien o contra algo. Habla poco pero sus palabras contienen sabiduría y fuerza, como si se tratase de una persona mayor, ya anciana. Perdió a sus padres desde muy pequeña, y desde entonces ha sido criada por su abuela, quien le transmite mucha sabiduría y le ha ayudado a fortalecerse espiritualmente. Cuando pequeña empezó su vista a empeorar y durante mucho tiempo vió una nube oscura que poco a poco se intensificó hasta dejarle ciega…

“Cuando tenía 13 años… Mi vista empezó a deteriorarse. En mis ojos, parecía haber una niebla que no podía ser quitada. En ese entonces lloraba todos los días. Luego, mi abuela me dijo:

-Cuando estés triste, debes llorar. Después de eso, debes seguir adelante-.

Ahora, en mi corazón puedo ver las cosas claramente. ¿Puedes Creerlo?...”

Su semblante es siempre tan tranquilo, se preocupa por todos y sus manos son la esencia de su alma, porque con ellas crea maravillas de las cosas y de las personas. Sus ojos, sus ojos sonríen cada que su boca te dice un “buenos días” o cada que su mano te brinda una caricia para limpiar el sudor de tu frente. Cuando cocina, sus manos son quienes ven lo que hace y quienes llevan a su boca la primera probada para verificar que el preparado ha salido con un sabor exquisito.

No te juzga, jamás pregunta sobre algo que no hayas comentado, no cuestiona tus creencias y sólo se limita a aceptar tus pensamientos y decir su opinión si le preguntas. Es de un alma grande y de una fe inquebrantable, es honorable y puede ver más que cualquier persona que hayas conocido. Ama a todo cuanto le rodea y brinda agradecimiento cada día por poder vivir, muestra respeto sincero a todo ser que existe; y no olvida su origen…

“La abuela me dijo que en unos días debo visitar la tumba de mis padres para brindarles respeto. La familia es una bendición; la devoción de los hijos es importante…”

Ahora, permanece al lado de un arbusto, un cerezo; cuyas flores caen poco a poco a su lado como para decirle que le acompañan en la ejecución de la melodía; ella permanece tranquila, en una posición casi de rodillas, elegante; y sosteniendo con ambas manos su flauta; sus dedos viajan suave y lentamente y sus labios apenas si se mueven; la toca con tal delicadeza que pareciera que el propio viento ha callado para poder escucharle mejor. Cierro los ojos, me limito a escuchar, siento acercarse el viento y me dispongo a respirar hondo, alzo mis brazos y abro las manos; sonrío…

Bajo lentamente los brazos después de algunos minutos, abro poco a poco los ojos y veo que ella sigue ahí, tocando su flauta; y a su falda, desde el cerezo, cayendo flores blancas y rosas que, sin temor a desprenderse del arbusto, adornan la imagen de esa doncella postrada sobre el pasto; conjugándose con el entorno en una unidad natural y llena de vida, de espiritualidad, de paz. Así es ella, así es Yue Ci.

4 comentarios:

Joselyn_bones. dijo...

hola!!!!!!!
que bonita pagina
me gusta
bueno m voy bye_____
xxxxxxxx____xxxxxxx-___xxx-_-x-x-

Eduardo Robles Pacheco dijo...

Gracias Joselyn_bones por tu comentario... XD

SrItA. mUeGaNiTa =D dijo...

Chicuelo, esos viajes no son de tu imaginacion...

Uno de estos dias, los llevaras a cabo... Lo se! :D

APAPACHOS!!

Eduardo Robles Pacheco dijo...

SrItA. mUeGaNiTa =D:

También lo sé; lucho cada día para que se lleven a cabo estos viajes y pueda reflejarlos textualmente; viajar es un gran deleite para mí, escribir, mi agradecimiento por haber viajado.

Gracias por tu comentario XD!

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